Guatapé se reconoce desde lejos por sus zócalos: franjas de relieves de colores que decoran la parte baja de cada casa y cuentan la historia de la familia que vive allí. Caminar por la Plazoleta de los Zócalos y la Calle del Recuerdo es entrar en un pueblo que parece pintado para la foto.
A diez minutos está la Piedra del Peñol, un monolito de más de 200 metros al que se sube por una escalera de 740 escalones encajada en una grieta. Desde la cima, el embalse Peñol-Guatapé se abre como un mapa de islas y penínsulas verdes. Después, un paseo en barco por el embalse pasa frente a la cruz que recuerda al viejo Peñol, el pueblo que quedó bajo el agua a finales de los años setenta.
El plan cierra en el malecón, con helado o trucha frente al agua. Es ideal para un sábado o un domingo en familia, con amigos o con visitantes de fuera, y no necesita más equipaje que bloqueador, tenis cómodos y ganas de subir escalones.