Villa de Leyva se reconoce por su Plaza Mayor, una explanada empedrada de unos 14.000 metros cuadrados rodeada de casas coloniales blancas con balcones de madera, una de las plazas más grandes del país. Fundada en 1572, conserva un centro histórico tan cuidado que caminarlo de noche, con los faroles encendidos, es volver a otra época.
Los alrededores son tan interesantes como el pueblo: el museo El Fósil guarda el esqueleto de un kronosaurio, un reptil marino de hace millones de años; la Casa Terracota es una casa entera hecha de barro cocido; el Convento del Santo Ecce Homo, fundado en 1620, guarda siglos de historia; y los Pozos Azules forman lagunas turquesas en medio del paisaje semidesértico. El Observatorio Muisca de El Infiernito completa el viaje al pasado.
Nuestro plan llega por carretera: salimos de Medellín en la noche y recorremos Boyacá en 5 días y 4 noches, con una noche en Zipaquirá, tres en Paipa, desayunos y cenas. En el camino están la Catedral de Sal, Chiquinquirá, Ráquira, Villa de Leyva con sus museos del Chocolate y de Antonio Nariño, Tunja, los termales de Paipa, Monguí, la Laguna de Tota y el Puente de Boyacá; la Casa Terracota y los atractivos que no aparecen en el plan se pagan aparte.
En agosto, el Festival del Viento y las Cometas llena el cielo de colores, y en diciembre el Festival de Luces ilumina la noche con fuegos artificiales. Es ideal para parejas, familias y adultos mayores que disfrutan la historia.